No solo las leyendas y los mitos nos interesan en la sección Relatos de Notas Libres, sino también las experiencias de personas comunes y corrientes: hechos que no tienen explicación o que, al menos en el momento en que ocurren, no parecen tener sentido.
Hace unos días, mientras iba al cementerio a poner flores con mis primas, F —quien es profesora en un colegio de Punta Negra— me contó una historia, o mejor dicho, algo que suele ocurrir en esa institución y que nadie ha logrado explicar.
Titulé este relato: El fantasma del colegio.
J es un niño común y corriente, o al menos eso parece. El problema es que falta mucho al colegio porque se enferma con frecuencia. Es flaco, muy flaco y algo debilucho, pero es un buen niño. Y aunque lo que voy a contar no le ocurrió directamente a J, sí le pasó a alguien que intentó protegerlo de algo que hasta hoy nadie sabe explicar.
Un día en que J sí asistió a clases, mientras su profesora dictaba la lección, ocurrió algo extraño. Una luz desconocida empezó a acercarse lentamente hacia él. No había un lugar visible desde donde aquella luz pudiera provenir.
La profesora, con un mal presentimiento, decidió intervenir. Corrió hacia J para intentar alejar esa luz, pero en ese momento sucedió algo aún más inquietante: una fuerza inexplicable la detuvo.
Ella —a quien llamaremos H— quedó paralizada frente a J, como si manos invisibles la sujetaran de brazos y piernas, y algo le cerrara la boca. No podía moverse ni hablar. Permaneció así, inmóvil, delante de todos sus alumnos… delante del frágil J.
H cuenta que, en su desesperación, empezó a maldecir para que la soltaran aquellas manos invisibles que la retenían, hasta que, de pronto, se sintió liberada.
Cuando por fin pudo moverse, vio que todos los alumnos la miraban asustados, incluso J. H se disculpó por las malas palabras que creía haber dicho. Sin embargo, los estudiantes le respondieron que ella no había pronunciado una sola palabra. Solo la habían visto quedarse paralizada, como si alguien —o algo— la hubiera detenido durante varios minutos.
Entonces, la profesora les explicó por qué se había acercado a J. Ellos, con total naturalidad, le dijeron que eso era normal, que aquella luz siempre parecía seguirlo y que solía aparecer en ese salón.
Pero lo extraño no terminó allí.
Después de ese suceso, a H empezaron a ocurrirle otras cosas.
Otro día, mientras dictaba clase y escribía en la pizarra, sintió que algo se movía detrás de ella y le levantaba el cabello, como si estuviera jugando. No quería voltear, pero el susto de sus alumnos fue mayor: le avisaban, casi gritándole, lo que estaba ocurriendo.
Ella solo atinó a decir:
—Sí… ya sentí que me están levantando el pelo.
El colegio de Punta Negra sigue funcionando, y las cosas extrañas continúan ocurriendo en ese salón.
Pronto tendremos más historias que contar sobre este lugar.
